A Trustworthy God

Psalm 139:1-6, 9-10, & 17-18
O LORD, thou hast searched me and known me.
2 Thou knowest my downsitting and mine uprising, thou understandest my thought afar off.
3 Thou compassest my path and my lying down, and art acquainted with all my ways.
4 For there is not a word in my tongue, but, lo, O Lord, thou knowest it altogether.
5 Thou hast beset me behind and before and laid thine hand upon me.
6 Such knowledge is too wonderful for me; it is high, I cannot attain unto it.
9 If I take the wings of the morning, and dwell in the uttermost parts of the sea;
10 Even there shall thy hand lead me, and thy right hand shall hold me.
17 How precious also are thy thoughts unto me, O God! how great is the sum of them!
18 If I should count them, they are more in number than the sand: when I awake, I am still with thee.
Psalm 139:23-24
“Search me, O God, and know my heart: try me, and know my thoughts: And see if there be any wicked way in me and lead me in the way everlasting.”
If Psalm 139 is true, (and it is!) then everything in my story is leading me in the “way everlasting”.
God states clearly: He has searched me inside and out. He knows what discourages me and what encourages me. He understands my thoughts more than I do! He knows the emotions, the baggage, and the lack of faith that is the motivation behind those thoughts. He sits behind me, in all my past, be it broken or blessed. He sits in my future, knowing exactly what He will allow and how I will act or react. He knows why I say the dumb things I say. He places Himself in a position that I absolutely cannot flee from Him…in fact, He not only is present, but He also chooses to hold me.
He commands the dark and bright parts of my story. He chooses to keep every body system working and superintends when and if any one of those systems fail.
His thoughts are precious! And they are directed to me! More in number than the sand!
Psalm 139:23-24
“Search me, O God, and know my heart: try me, and know my thoughts: And see if there be any wicked way in me, and lead me in the way everlasting.”
If I’m in right relationship with Him, then I am inviting Him to search me…know my thoughts.
Too often I want His will only if it means I have a loving, devoted husband, healthy children, a thriving place of ministry that I love and that has people who love me. I want to serve only if the bills are paid, there’s a nice car to drive, and a vacation once a year.
What I need is a shift in perspective. Whatever circumstance I am in as a child of God, IS GOOD. It comes from an involved, omnipotent, omniscient, loving Heavenly Father Who only is good and can only do good. He can and does superintend every moment of every day of each of His own. So, whatever is perceived as “missing” or added to my imagination of what “God’s perfect will” is, is NOT the goal. What I face today or carry on this journey called life, is that which will lead me (if I let it) in His way everlasting.
The goal is to have nothing between my soul and the Savior.
If becoming undone is part of His masterplan for my life narrative, then I want nothing more than His power and His presence. My answer is, “Yes, Lord”.
EN ESPANOL…
Salmo 139:1-6, 9-10, & 17-18
Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5 Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.
9 Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar,
10 Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!
18 Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.
Salmo 139:23-24
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos.
Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”
Si el Salmo 139 es verdad (¡y lo es!), entonces todo en mi historia me está guiando por el “camino eterno”. Dios lo declara claramente: Él me ha examinado por completo. Conoce lo que me desalienta y lo que me anima. Él entiende mis pensamientos mejor que yo mismo. Sabe las emociones, las cargas y la falta de fe que motivan esos pensamientos.
Él está detrás de mí, en todo mi pasado, ya sea roto o bendecido.
Él está delante de mí, en mi futuro, sabiendo exactamente lo que permitirá y cómo actuaré o reaccionaré.
Sabe por qué digo las cosas tontas que digo. Se ha colocado en una posición de la que absolutamente no puedo huir… de hecho, no solo está presente, sino que también elige sostenerme.
Él tiene autoridad sobre las partes oscuras y brillantes de mi historia.
Él decide mantener funcionando cada sistema de mi cuerpo y supervisa si alguno de esos sistemas falla.
¡Sus pensamientos son preciosos! ¡Y están dirigidos a mí! ¡Más numerosos que la arena!
Salmo 139:23-24
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos.
Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”
Si tengo una relación correcta con Él, entonces le estoy invitando a que me examine… a que conozca mis pensamientos.
Demasiadas veces quiero Su voluntad solo si significa tener un esposo amoroso y devoto, hijos sanos, un ministerio próspero en un lugar que amo y con personas que me aman. Quiero servir solo si las cuentas están pagadas, hay un buen auto y una vacación una vez al año.
Necesito un cambio de perspectiva.
Cualquier circunstancia en la que me encuentre como hija de Dios, ES BUENA.
Viene de un Padre Celestial involucrado, omnipotente, omnisciente y amoroso, que es solo bueno y solo puede hacer el bien.
Él supervisa cada momento de cada día de cada uno de los suyos.
Por lo tanto, lo que hoy percibo como “faltante” o lo que he añadido a mi idea de la “voluntad perfecta de Dios”, no es la meta.
Lo que enfrento hoy o lo que cargo en este viaje llamado vida es precisamente lo que me llevará (si lo permito) por Su camino eterno.
La meta es no tener nada entre mi alma y mi Salvador.
Si desmoronarme es parte del plan maestro de Dios para la narrativa de mi vida, entonces no quiero nada más que Su poder y Su presencia.
Mi respuesta es: “Sí, Señor”.
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