Jehovah Raah
So much comfort is found in Psalm 23. This psalm of David that dynamically illuminates one of God’s multifaceted qualities – He is Jehovah Raah—our Shepherd.
The longer I journey on my own path of life, the more I witness others on their journeys, I am seeing that God’s role as Shepherd is paramount. He is proactively shepherding us. So, every event, every circumstance, every trial, every heartache has a real and relative purpose. I’m beginning to recognize that when tragedy strikes in the life of a believer, there is always Sovereign momentum behind that tragedy. He is pursuing with both goodness and mercy. He is attempting to form His character in us, to make us more like Him, to prepare us for our eternal home.
Often, He is bringing us to a place where He makes us to lie down. He is leading. He restores the soul by the means of the very paths He allows and to which He leads. He is walking with us every. Single. Moment. He comforts. It is in the very presence of our enemies of fear, insecurity, doubt, instability, illness, disease, grief, financial crisis, or interpersonal relationships in ruins that He prepares a table. It is in the very depths of the struggle that we are offered to feast on His Word, His promises, His Divine plan. As a believer, we are “anointed” –set apart– for kingdom purposes. Even in this valley of the shadow of death, He pours out blessings that run over.
All that we face as believers in right relationship with our Shepherd are:
- To Form His righteousness in us. We truly cannot be transformed without being met with struggles. We will never truly know how much we need Him until we are in the place that we desperately need Him!
- Is for the sake of His name–So that His name—His character is discovered, explored, and ultimately known. That He is Who He says He is in every. Single. Crisis.
All too often we shy away from being changed in the changes of life. We resist lying down. We resist the restoration of our soul that He offers. We fill our lives with distractions and noise. We long to run from the valleys to which we are led. We reject the anointing that comes in that sacred place. We ignore the blessings for lamenting our losses.
We can miss out. Our hard times can be ineffective in forming us. We don’t get to choose if our Shepherd leads into a valley or a storm, but we do get to choose what we do in it, how we respond, whether our valleys and storms make us or break us.
Psalm 23 is a call to embrace our role as a sheep. If it is a season of green pastures, still waters, and rest, be grateful; be present. If, however, it is our turn to enter the valley of the shadow of death, be riddled with enemies physical, mental, or spiritual, don’t resist. Receive with expectation the chapters of your life story that leave you feeling side-swiped, defenseless, lonely, overwhelmed, or even forsaken. Jehovah Raah is your answer. Listen for His voice. Come away from the noise. Be held.

Se encuentra tanto consuelo en el Salmo 23. Este salmo de David ilumina dinámicamente una de las cualidades multifacéticas de Dios: Él es Jehová Raah—nuestro Pastor.
Cuanto más avanzo en mi propio camino de vida y observo a otros en los suyos, más veo que el papel de Dios como Pastor es primordial. Él nos pastorea de manera activa y constante. Así que cada acontecimiento, cada circunstancia, cada prueba, cada dolor tiene un propósito real y específico. Estoy comenzando a reconocer que cuando la tragedia golpea la vida de un creyente, siempre hay un impulso Soberano detrás de esa tragedia. Él nos sigue con bien y misericordia. Está obrando para formar Su carácter en nosotros, para hacernos más como Él, para prepararnos para nuestro hogar eterno.
Muchas veces, Él nos lleva a un lugar donde nos hace descansar. Él guía. Él restaura el alma por medio de las sendas mismas que permite y por las cuales nos conduce. Camina con nosotros cada. Solo. Momento. Él consuela. Es en la misma presencia de nuestros enemigos —temor, inseguridad, duda, inestabilidad, enfermedad, dolencia, duelo, crisis financiera o relaciones interpersonales en ruinas— donde Él prepara mesa delante de nosotros. Es en lo más profundo de la lucha donde se nos invita a deleitarnos en Su Palabra, Sus promesas y Su plan divino. Como creyentes, somos “ungidos” —apartados— para propósitos del Reino. Aun en este valle de sombra de muerte, Él derrama bendiciones hasta que sobreabundan.
Todo lo que enfrentamos como creyentes en correcta relación con nuestro Pastor es:
• Para formar Su justicia en nosotros. Verdaderamente no podemos ser transformados sin atravesar luchas. ¡Nunca sabremos cuánto le necesitamos hasta estar en el lugar donde desesperadamente le necesitamos!
• Por amor de Su nombre — para que Su nombre, Su carácter, sea descubierto, explorado y finalmente conocido. Que Él es Quien dice ser en cada. Una. Crisis.
Con demasiada frecuencia rehuimos ser cambiados en medio de los cambios de la vida. Resistimos descansar. Resistimos la restauración del alma que Él ofrece. Llenamos nuestras vidas de distracciones y ruido. Anhelamos huir de los valles a los que somos guiados. Rechazamos la unción que viene en ese lugar sagrado. Ignoramos las bendiciones mientras lamentamos nuestras pérdidas.
Podemos perderlo. Nuestros tiempos difíciles pueden no cumplir su propósito de formarnos. No podemos elegir si nuestro Pastor nos guía a un valle o a una tormenta, pero sí podemos elegir qué hacemos en medio de ello, cómo respondemos, si nuestros valles y tormentas nos forman o nos quebrantan.
El Salmo 23 es un llamado a abrazar nuestro papel como ovejas. Si es una temporada de verdes pastos, aguas de reposo y descanso, sé agradecido; vive plenamente el momento. Pero si ha llegado el tiempo de entrar en el valle de sombra de muerte, rodeado de enemigos físicos, mentales o espirituales, no resistas. Recibe con expectativa los capítulos de tu historia que te dejan sintiéndote golpeado, indefenso, solo, abrumado o incluso abandonado.
Jehová Raah es tu respuesta. Escucha Su voz. Apártate del ruido. Permite que Él te sostenga.
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