Needing to be in Control of People and Things
I was sweating as I worked to spread a layer of mulch that my younger boys and I had hauled from a huge pile dumped for us by a tree trimming service. I aggressively pushed it just where I wanted it to lay and felt a swell of pride—there, it was exactly where I deemed it to lay—I had completely subdued it. Then pang; I felt the conviction pierce my heart. Control. I was so happy because I was in control.
I love to control things & people. It has been a journey that the Spirit of Truth has been dealing with me for a long time. I have seen it rear its ugly face more recently and in other seasons of my life when it feels I have little to nothing under control. I obsess over keeping dishes clean or the house ordered, because I feel it’s the only thing I have control over. I bask in having a place for everything and everything in its place; Then it just gets used and dirty anew and I must do it again!
It’s a heart issue. I must agree with God that it is my flesh that wants to be in control. We say “I’m a control freak” as if it’s something to brag about! We fret and labor to make events, circumstances, our houses, and people in our lives to conform to our will, disregarding the pride rooted deep within.

“Whether therefore ye eat, or drink, or whatsoever ye do, do all to the glory of God.”
1 Corinthians 10:31
“For ye are bought with a price: therefore, glorify God in your body, and in your spirit, which are God’s.”
1 Corinthians 6:20
To glorify God is to make Him look good; to make much of Jesus; to reflect the Holy Spirit in every word, thought, deed, and interaction of life. I can lay mulch in pride and control, or I can lay it in surrender and a spirit of making much of Jesus—making our yard and exterior improved so that neighbors around us that know we’re Christians see a house, though humble, well-cared for and improving our little community.
I can clean and maintain our home in gratitude and service, or I can do it in bitterness, heaviness, or resentment. In the past, I cared for our little ones in a spirit of a martyr and as a victim, and then I was revived anew to serve them in the spirit of Christ…laying down my life for theirs. I have done ministry with a heart of surrender, and I have done it from a position of pride and self-sufficiency. The tasks are the same. The heart with which I do the task is drastically contrasted.
Evidence that I am working from a heart of control rather than a heart of surrender and service:
- Am I short, emotional, irritable, or exasperated when something doesn’t line up with what I am attempting to accomplish?
- Am I overwhelmed with trying to “do it all” and looking inwardly at others who aren’t stepping up as I wish, and in turn, feel roots of resentment toward them?
- Am I overly stressed and feel “nothing ever goes right”, living a victim of my futile efforts to make things happen?
- Do my family members try to avoid me when I’m in “business” mode because they fear the tirade that will fall if they don’t fall in line?
Giving up control is scary. It takes a step of faith to say I don’t have to manipulate or force a person, thing, or an event to be as I plan or desire. In surrendering that control, I begin to see God’s fingerprints in my story. I begin to see Him working in those I touch. I find value in the tasks I am permitted to accomplish and even in the tasks I don’t accomplish in a given time. I find a deep-rooted peace when I let go of the need to control it.
EN ESPANOL…
Estaba sudando mientras trabajaba para esparcir una capa de mulch que mis hijos menores y yo habíamos transportado desde una enorme pila que una empresa de poda de árboles nos había dejado. Lo empujé agresivamente hasta donde quería que quedara y sentí una oleada de orgullo—ahí estaba, exactamente donde yo había decidido que debía estar—lo había dominado por completo. Sentí la convicción atravesar mi corazón. Control. Me sentía feliz porque estaba en control.
Me encanta controlar las cosas y a las personas. Ha sido un proceso en el que el Espíritu de Verdad ha estado trabajando en mí por mucho tiempo. He visto cómo esa necesidad de control se ha manifestado más recientemente y en otras temporadas de mi vida, especialmente cuando siento que no tengo nada bajo control. Me obsesiono con mantener los platos limpios o la casa en orden porque siento que es lo único sobre lo que tengo control. Me deleito en tener un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar; pero luego todo se usa y se ensucia nuevamente, y tengo que hacerlo otra vez.
Es un problema del corazón. Debo estar de acuerdo con Dios en que es mi carne la que quiere estar en control. Decimos “soy una fanática del control” como si fuera algo de lo que enorgullecerse. Nos angustiamos y nos esforzamos por hacer que los eventos, las circunstancias, nuestras casas y las personas en nuestras vidas se ajusten a nuestra voluntad, sin darnos cuenta del orgullo profundamente arraigado dentro de nosotros.
1 Corintios 10:31
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.”
1 Corintios 6:20
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
Glorificar a Dios es hacer que Él se vea bien; es engrandecer a Jesúscristo; es reflejar al Espíritu Santo en cada palabra, pensamiento, acción e interacción de la vida. Puedo esparcir mulch con orgullo y control, o puedo hacerlo en rendición y con un espíritu de exaltar a Jesúscristo—mejorando nuestro jardín y el exterior de nuestra casa para que los vecinos que saben que somos cristianos vean un hogar humilde, pero bien cuidado, contribuyendo así a nuestra pequeña comunidad.
Puedo limpiar y mantener nuestro hogar con gratitud y servicio, o puedo hacerlo con amargura, pesadez o resentimiento. En el pasado, cuidé a nuestros pequeños con un espíritu de “mártir” y “víctima”, y luego fui renovada para servirles con el espíritu de Cristo… entregando mi vida por ellos. He hecho ministerio con un corazón rendido, y también lo he hecho desde una posición de orgullo y autosuficiencia. Las tareas son las mismas. El corazón con el que realizo la tarea es drásticamente diferente.
Evidencia de que estoy actuando desde un corazón de control en lugar de un corazón de rendición y servicio:
• ¿Estoy irritable, emocional, impaciente o exasperada cuando algo no sale como planeo?
• ¿Me siento abrumada tratando de “hacerlo todo” y empiezo a mirar a los demás con resentimiento porque no están cumpliendo mis expectativas?
• ¿Estoy demasiado estresada y siento que “nada sale bien”, viviendo como una víctima de mis propios esfuerzos inútiles por hacer que las cosas sucedan?
• ¿Mi familia trata de evitarme cuando estoy en “modo trabajo” porque temen la tormenta que caerá sobre ellos si no siguen mi ritmo?
Renunciar al control da miedo. Requiere un paso de fe decir que no tengo que manipular o forzar a una persona, cosa o evento para que sea como yo lo planeé o lo deseo. Al rendir ese control, comienzo a ver las huellas de Dios en mi historia. Empiezo a ver Su obra en aquellos a quienes toco. Encuentro valor en las tareas que se me permite realizar e incluso en aquellas que no logro completar en un determinado tiempo. Encuentro una paz profunda y arraigada cuando dejo ir la necesidad de controlarlo todo.
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