“Suffering is Never for Nothing”–Elisabeth Elliot
“Let God use your pain as your pulpit.” Is a statement I have heard verbalized often. It causes me to regularly ponder. More than anything, I long to use the multi-layered suffering I endure for the edification, benefit, and encouragement of others. Yet mostly I feel incessant waves of grief upon grief with little to no eternal use or value. It feels like private suffering with a tiny “audience” and few influenced. So, I wonder…is it for nothing? I read Elisabeth Elliot’s words, “Suffering is Never for Nothing”, but then I observe how she was gifted a world-wide platform on which to reflect glory in her brokenness. I have those who live with me, that is all. She spoke to thousands. I speak to five. Her story featured on radio broadcasts, books published; hers was true redemption of the pain, sacrifice, and loss. Mine seems to fall to the ground like the leaves in my yard.
What about the other five ladies whose husbands were also killed that day? Some were used, but not like Elisabeth. Was theirs a suffering that was indeed in vain?
In recent weeks my life has crossed paths with so many sisters like me…
• the one who has been a caregiver for 30+ years to a quadriplegic husband with little to no accolades, platform, or voice.
• The one who on the day her 3-year-old son was diagnosed with severe autism, delivered a full-term, still-born daughter, which, then, three months later caused her husband to suffer a mental breakdown and has never been the same. Nearly a decade later, She feels her husband is more her child than her husband, and she suffers faithfully with no one knowing her pain
• The lady who has struggled with chronic depression and fear for more than four decades yet is faithful to God in spite of her cross.
• The one whose husband struggled and then won the victory after a long battle with sin simultaneously, she navigates a child with type one diabetes and all that that drains from the caregiver.
• The young moms – I know of three- who in the past six months have been left tragically widowed with a combination of 17 children who are now fatherless.
Is it all vain? Is there a place where the weight of such suffering is ever redeemed?
2 Corinthians 4:17-18 “For our light affliction, which is but for a moment, worketh for us a far more exceeding and eternal weight of glory; While we look not at the things which are seen, but at the things which are not seen: for the things which are seen are temporal; but the things which are not seen are eternal.”
There is that Voice of the Spirit of the Lord that whispers to me over and again that my suffering and theirs IS never for nothing. The private and public pain each of us bear carries weight and value in eternity. I meditate on it often, but don’t fully comprehend what that “weight” is; however, the context tells me it’s significant. I tend to look at what I can see, taste, smell, touch, and hear and try to find value in the level of loss and pain I face daily; I want it to count for something. I want it to all balance out. The truth is, that it isn’t to be had in full in this temporal world. While I could argue it’s outrageous for Paul to imply the suffering of so many saints is “light” and “momentary”, when days turn to years and stretch to decades, there is nothing light or momentary for a host of believers; but, by faith, when seen from an eternal vantage point, these 30, 40, 60, 80 years of bearing a cross and the pain that brings, is still only a moment in light of the eternal hope we have in Jesus…an eternity of redemption!
More than that perspective, the deep-etched suffering so many bear without ever having a “public” platform or an acknowledgment that it’s so hard, is actually working something incredibly valuable and significant on the other side of “The Valley of Tears” in which we live. It matters. Every tear is preserved in bottles, every heartbreak is recorded in God’s book, (Psalm 56:8) every battle is chronicled, every lonely sigh echoes in God’s throne room. And it grows in value and magnitude. It matters. Your pain. Your brokenness. Whether you are given an earthly platform or not, Jehovah sits Sovereign over it all and He is keeping the score. He is ever and always working ALL things together for our individual good and for His big-picture glory. (Romana 8:28) We can anchor to that.
So, faithfulness can be the goal. If He chooses to give a voice in this life—it is to the praise of His glory. If He chooses to keep us in the shadows and not grant redemption on this side of eternity, it is maturing into an “eternal weight of glory”. Suffering is never for nothing.
It matters what we face in this life.
It matters how we face it.
It matters what we do with the pain of our lives. It matters now, but it matters so much more in eternity.
Be encouraged.
Your labor is not in vain in the Lord.

“Deja que Dios use tu dolor como tu púlpito.” Es una frase que he escuchado muchas veces. Me hace reflexionar regularmente. Más que nada, anhelo usar el sufrimiento en sus múltiples capas que soporto para la edificación, el beneficio, y el ánimo de otros. Sin embargo, la mayoría de las veces solo siento olas incesantes de dolor sobre dolor, con poco o ningún uso o valor eterno. Parece un sufrimiento privado con una pequeña “audiencia” y poca influencia.
Entonces, me pregunto… ¿es en vano?
Leí las palabras de Elisabeth Elliot: “El sufrimiento nunca es en vano,” pero luego observo cómo Dios le dio una plataforma mundial para reflejar Su gloria en medio de su quebranto. Yo solo tengo a quienes viven conmigo, nada más. Ella habló a miles. Yo hablo a cinco. Su historia fue transmitida en la radio, sus libros fueron publicados; su dolor, sacrificio y pérdida fueron verdaderamente redimidos. El mío parece caer al suelo como las hojas en mi jardín.
¿Qué hay de las otras cinco mujeres cuyos esposos también fueron asesinados aquel día? Algunas fueron usadas, pero no como Elisabeth. ¿Fue su sufrimiento realmente en vano?
En las últimas semanas, mi vida se ha cruzado con muchas hermanas como yo…
• La que ha sido cuidadora durante más de 30 años de un esposo cuadripléjico, sin reconocimientos, sin plataforma ni voz.
• La que, el mismo día en que le diagnosticaron autismo severo a su hijo de tres años, dio a luz a una hija a término, pero sin vida. Luego, tres meses después, su esposo sufrió una crisis mental y nunca volvió a ser el mismo. Casi una década después, siente que su esposo es más su hijo que su compañero, y sufre en fidelidad sin que nadie sepa su dolor.
• La mujer que ha luchado con la depresión crónica y el miedo por más de cuatro décadas, pero que sigue fiel a Dios a pesar de la carga que lleva.
• La que vio a su esposo luchar y finalmente vencer después de una larga batalla contra el pecado, mientras simultáneamente cuida a un hijo con diabetes tipo 1, con todo lo que eso implica para un cuidadora.
• Las jóvenes madres—conozco al menos tres—que en los últimos seis meses han quedado trágicamente viudas, dejando a una total de 17 niños sin padre.
¿Es todo en vano? ¿Existe un lugar donde el peso de tanto sufrimiento sea redimido?
2 Corintios 4:17-18
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Esa es la Voz del Espíritu del Señor que me susurra a mi espíritu diciendo que mi sufrimiento y la de ellas nunca es en vano. El dolor, sea público o privado, que cada una de nosotras soporta, tiene peso y valor en la eternidad. Lo medito, y aunque no comprendo del todo qué significa ese “peso”; sin embargo, el contexto me dice que es significativo.
Tiendo a mirar lo que puedo ver, probar, oler, tocar y oír, buscando valor en la magnitud de la pérdida y el dolor que enfrento diariamente; quiero que cuente para algo. Quiero que todo tenga sentido. Pero la verdad es que ese propósito no se alcanza por completo en este mundo temporal.
Podría argumentar que es absurdo que Pablo llame “leve” y “momentánea” a la aflicción de tantos santos cuando los días se convierten en años y los años en décadas. Para muchos creyentes, no hay nada “leve” ni “momentáneo” en sus sufrimientos. Pero por fe, desde una perspectiva eterna, 30, 40, 60 u 80 años de cargar a una cruz y el dolor de ella, son solo un momento en comparación con la esperanza eterna que tenemos en Cristo… ¡una eternidad de redención!
Más allá de esa perspectiva, el sufrimiento profundo y silencioso que tantos soportan sin jamás tener una plataforma pública o un reconocimiento de lo duro que es, en realidad está produciendo algo increíblemente valioso y significativo al otro lado del “Valle de Lágrimas” en el que vivimos. Cada lágrima es preservada en frascos, cada dolor es registrado en el libro de Dios (Salmo 56:8). Cada batalla es documentada, cada suspiro solitario resuena en el trono de Dios. Y todo eso crece en valor y magnitud en la eternidad.
Importa…
Tu dolor.
Tu quebranto.
Si Dios te da una voz en esta vida, es para la alabanza de Su gloria. Si Él decide mantenerte en las sombras y no otorgarte redención en este lado de la eternidad, entonces tu sufrimiento se está transformando en un “eterno peso de gloria”.
“El sufrimiento nunca es en vano.”
Importa lo que enfrentamos en esta vida.
Importa cómo lo enfrentamos.
Importa qué hacemos con el dolor de nuestra vida.
Importa ahora, pero importa mucho más en la eternidad.
Sé fuerte.
Tu labor no es en vano en el Señor.
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