That I May Know Him

That I May Know Him


Philippians 3:10
“That I may know him, and the power of his resurrection, and the fellowship of his sufferings, being made conformable unto his death;”
‭‭ ‬‬
My childhood pastor, Dr Jack Hyles, would end all his radio broadcasts with “Be good to everyone because everyone is having a tough time.” The more I live, the more I see that although the level of suffering is not the same, to every person, their suffering is the worst…and to them, it really is. It is fruitless to sit in self-pity and look around at others comparing how awful it is what I am enduring and how “easy” other people have it. None of us can ever know fully what any of us are facing at any given moment. Jesus Christ is calling us to a different perspective. He is drawing us each on a journey, our personal journey of growth, refinement, and transformation. The burden you carry or the multi-layered cross that lays on your chest at night and sits looming over your head when you wake, is an invitation to KNOW Him.


Paul acknowledged in Philippians 3:7, that anything he would be able to claim as an accomplishment in worldly standards should be a loss for Christ. The seemingly ugly, unchangeable, challenging, limiting, and overwhelming parts of the journey are a call to go deeper, fuller, and sweeter in knowing Christ.

That I may KNOW Him, and the power of His resurrection…that means there is death. Literal or figurative. Death. The death of a loved one, health, a relationship, a dream, a goal, a friendship. A myriad of circumstances that leave what is left in a pile of ashes, a crushed heart, and us trembling in a heap at the foot of a cross— it is a beautiful place to be—because now, look up—now there can be a resurrection. From that shadow of the cross, as we surrender to the circumstances that compelled us there, pushing away bitterness, we can begin to know Him and that power of the resurrection. He can step into that place of humility, and He can begin a work that is unimaginable before we come to that place. Not necessarily a change of circumstances, but most assuredly a change of you in those circumstances.


And the fellowship of his suffering…simply getting to that place of surrender and humility doesn’t mean we know Christ fully. There is a process of fellowship in the suffering that is necessary to begin to KNOW Him. He is the High Priest Who is touched by the feelings of our struggles, weaknesses, and infirmities. (Heb 4:14-16) The word “fellowship” is that of intimate communion, friendship, and intimacy. It is not a surface relationship. It is a deep draw to be face to face, sharing, experiencing, growing, and knowing Christ in a new, unexplored way. It is holy. It is very personal. It is transformational. That way is found exclusively through suffering. He hand-picks the flavor of the trial or the multi-dimensions of the suffering to introduce a new opportunity to know Him.


Being made conformable unto death….
The journey of knowing Him, I find, will bring hues of death:
• Death of pride, selfishness, the need to control everything.
• Death of desires that don’t line up with where Christ is looking to re-direct.
• Death of ambitions that aren’t in accordance with His will.
• Death of “self” sins: selfishness, self-sufficiency, self-awareness, self-pity.

As we journey this Way of Suffering, He is looking for a willful surrender to conform to the death of these weights that hinder our growth in relationship with Him.


There is a prize to be gained in suffering. It is growth in the knowledge of Jesus Christ. It is relationship with a Person. An eternal Person Who is passionate, aware, and working in the lives of believers. He sets the pattern for suffering in His life lived in full surrender to the Father. He has given promises of joy laid before us, so we don’t get too attached to the here and now.


Are you weary?


Are you heavy-hearted?


Oh, my friend, He is calling you to know Him…go deeper.


Make the journey…He is worthy of being known.

EN ESPANOL…

Filipenses 3:10
“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte;”


Mi pastor de la infancia, el Dr. Hyles, terminaba todas sus transmisiones de radio con la frase: “Sé bueno con todos, porque todos están pasando por un momento difícil.” Cuanto más vivo, más me doy cuenta de que, aunque el nivel de sufrimiento no es el mismo para todos, cada persona siente que su sufrimiento es el peor… y para ellos, realmente lo es. Es inútil sentarse en la autocompasión y mirar a otros comparando lo difícil que es lo que estoy soportando y lo “fácil” que otros la tienen. Ninguno de nosotros puede saber completamente lo que cada uno está enfrentando en un momento dado.


Jesucristo nos está llamando a una perspectiva diferente. Nos está atrayendo a cada uno en un viaje personal de crecimiento, refinamiento y transformación. La carga que llevas o la cruz con múltiples capas que yace sobre tu pecho por la noche y se cierne sobre tu cabeza cuando despiertas es una invitación a CONOCERLE.


Pablo reconoció en Filipenses 3 que todo lo que pudiera reclamar como un logro según los estándares del mundo debía ser tenido por pérdida por amor a Cristo. Aquellas partes del viaje que parecen feas, inalterables, desafiantes, limitantes y abrumadoras son un llamado a ir más profundo, más completo y rico en el conocimiento de Cristo.


A fin de conocerle, y el poder de su resurrección…
Eso significa que hay muerte. Literal o figurativa. Muerte. La muerte de un ser querido, la salud, una relación, un sueño, una meta, una amistad. Un sinfín de circunstancias que nos dejan con un corazón quebrantado y temblando a los pies de la cruz. Pero es un lugar hermoso en el que estar. Porque ahora, mira hacia arriba… ahora puede haber una resurrección. Desde la sombra de la cruz, al rendirnos a las circunstancias que nos llevaron allí y al rechazar la amargura, comenzamos a conocerle y a experimentar el poder de la resurrección. En ese lugar de humildad, Él puede obrar de manera inimaginable. No necesariamente cambiando las circunstancias, pero sin duda cambiándote a ti dentro de ellas.


Y la participación de sus padecimientos…
Simplemente llegar a ese lugar de rendición y humildad no significa que conozcamos completamente a Cristo. Hay un proceso de compañerismo en el sufrimiento que es necesario para comenzar a conocerle. Él es nuestro Sumo Sacerdote, tocado por el sentimiento de nuestras debilidades, luchas e inseguridades.

“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
‭‭Hebreos‬ ‭4:14-16‬


La palabra “participación”, en Filipenses 3:10, implica comunión íntima, amistad profunda y cercanía. No es una relación superficial. Es una invitación a estar cara a cara con Él, compartiendo, experimentando, creciendo y conociendo a Cristo de una manera nueva y aún inexplorada. Es santo. Es muy personal. Es transformador. Y ese camino solo se encuentra a través del sufrimiento.


Él elige cuidadosamente el tipo de prueba y las múltiples dimensiones del sufrimiento para ofrecernos una nueva oportunidad de conocerle.


Llegando a ser semejante a Él en su muerte
El camino de conocerle traerá consigo matices de muerte.
Muerte del orgullo.
Muerte del egoísmo.
Muerte de la necesidad de controlarlo todo.
Muerte de deseos que no están alineados con la dirección de Cristo.
Muerte de ambiciones que no concuerdan con Su voluntad.
Muerte de los pecados del “yo”:
• Egoísmo
• Autosuficiencia
• Autoconciencia excesiva
• Autocompasión

Mientras caminamos por este sendero de sufrimiento, Él nos llama a una rendición voluntaria para conformarnos a la muerte de estas cargas que obstaculizan nuestro crecimiento en nuestra relación con Él.


Hay un premio que se obtiene en el sufrimiento: Es el crecimiento en el conocimiento de Jesucristo. Es una relación más profunda con una Persona eterna, apasionado, consciente, y activo en la vida de los creyentes.


Él nos dejó el modelo de sufrimiento a través de Su vida de rendición total al Padre. Nos ha dado promesas de gozo delante de nosotros, para que no nos apeguemos demasiado a lo temporal.


¿Estás cansado? ¿Estás agobiado?


Oh, mi amigo… Él te está llamando a conocerle.


Ve más profundo.


Haz el viaje.


Él es digno de ser conocido.

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